domingo, 4 de febrero de 2018

Reseña de “Ella”

“Querías tener una esposa sin los retos de tener que lidiar con algo real. Me alegra que encontraras a alguien.”
Her, dirigida por Spike Jonze.

Ella suena como La Chica de a Lado - joven, amigable, ansiosa. Para Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), el héroe melancólico poético en "Ella", la exquisita nueva película de Spike Jonze, esa voz (Scarlett Johansson) es un salvavidas para el mundo, del cual se ha ido separando poco a poco desde la separación de su esposa. La voz brillantemente lo saluda en la mañana y, con una sexy voz grave le da las buenas noches por la tarde. La voz organiza sus archivos, lo saca de la casa y, a diferencia de algunas hembras que hacen multitareas, no se queja de sus muchas funciones como su ayudante, comodidad, excitación, amiga y salvadora, que hace de ella una compañera ideal incluso si ella es un software.

A la vez, una brillante representación conceptual del profundo y sincero romance, "Ella" es la improbable pero totalmente creíble historia de amor sobre un hombre, que a veces se asemeja a una máquina y un sistema operativo, hacía un sistema operativo. Es, de alguna manera, por supuesto, en Los Ángeles, esa ciudad de plástico, temores y sueños, en un tiempo indeterminado en el futuro. Las máquinas no han ascendido, como lo han hecho en cuentos distópicos como la serie de películas de "Terminator", sino que han sido introducidas en la vida cotidiana. Theodore aprende acerca del sistema operativo desde un anuncio y pronto lo ejecuta en su computadora y teléfono. Después de un tiempo, él y el software, que se llama a sí misma Samantha, intercambian saludos, desempeñando papeles de extraños condenados a convertirse en amantes.

Escrito por Spike Jonze (un cuento perfecto para él), "Ella" tiene mucho de que hablar y poca acción en parte porque es un estilo clásico chico-conoce-sistema operativo tipo de romance y sólo uno de ellos tiene un cuerpo. Este es un pequeño contratiempo en cuanto a los personajes, aunque sólo Samantha se inquieta sobre ello. Si esta profunda diferencia no preocupa a Theodore, es porque el aislamiento es su estado predeterminado y constante. Eso es a causa de su propios eventos en su vida, incluyendo su separación con su esposa, Catherine (Rooney Mara), y porque todo el mundo que le rodea parece más enchufado a sus máquinas que a otras personas. Él tiene una amiga, Amy (Amy Adams), que vive cerca de él, y habla sólo con un colega (Chris Pratt) en la oficina, donde pasa sus días escribiendo cartas íntimas para otras personas.

En "Ella", todo es simultáneamente, conocido y desconocido, como todas la voces y los gestos de los softwares activados que Theodore usa en el trabajo y en el ocio, como si su época hubiera capturado a los prototipos de la actualidad. Spike Jonze no ha reinventado el mundo, sólo adorno el nuestro, como con su cambio de imagen de Los Angeles. La ciudad todavía se extiende hasta el infinito, todo el mundo viaja en tren, no en coche. Los trenes son discretos, un ingenioso toque, pero también permiten ver sobre que tan solo Theodore es aún en una multitud.

Samantha lo salva de la soledad, lo saca de sí mismo y luego lo mete en la propia vida. El papel fue inicialmente expresada por la actriz británica Samantha Morton, quien, después de que la película fue rodada, fue sustituida por la Scarlett Johansson y cuyo casting sería inevitable. Su voz no es un instrumento especialmente melodioso, pero es sorprendentemente expresivo que se desliza como el humo de una chica al hacer una sugestión de una mujer de las noches y de los whiskys. Es fundamental que cada vez que se escuche a la Scarlett Johansson en "Ella", no puedes evitar pensar en su cautivador físico, también, lo que ayuda a llenar el papel de Samantha y dar a esta presencia fantasmal una gran representación, algo que hubiera sido más complicado lograr con una actriz menos conocida.

"Ella" es aún más difícil de imaginar sin Joaquin Phoenix, un actor que sobresale al exquisito aislamiento. Vistiendo un ordenado bigote y gafas que moderan su atractivo con un toque de comedia, su Theodore - hombros hacía abajo y pantalones poco favorecedores fajados - presenta una inofensiva, y derrotada imagen. En su momento más memorable, Joaquin Phoenix presenta heridas, y una melancólica alma cuya agonía es expresada discretamente al hablar, como en su brutal actuación en la película de Paul Thomas Anderson, "El Maestro”. Su trabajo en "Ella" es más silencioso, más vulnerable que en "El Maestro", sin embargo, sorprendentemente, igual de poderoso porque, una vez más, se siente como si la soledad del personaje haya sido elaborada a partir de cierta profundidad, en el propio ser de Joaquin Phoenix.

Hay momentos en que "Ella" tiene la calidad de una comunicación privada, como un secreto, un secreto que Spike Jonze está susurrando en tu oído. Parte del placer de la película es su modesta escala, su silenciada belleza y la ordinariez de su historia. En contraste con el duro brillo de tantas películas de ciencia-ficción, "Ella" se ve silenciada, accesible y táctil, desde la cara de Theodore en una gran superficie abierta hacía la iluminación difusa y la preciosa y deslumbrante paleta de colores salpicados con melosos amarillos, tranquilos naranjas y rosado. Esta es una película que deseas alcanzar y acariciar, acerca de un hombre que, como todo el mundo alrededor de él en este futuro cercano, se ha retractado de otras personas en un mundo lleno de máquinas. En "Ella", la gran pregunta no es si las máquinas pueden pensar, pero si los seres humanos todavía pueden sentir.

“Ella” es una sorprendentemente ingeniosa película pero, más importante, es una película que trasciende su propia inteligencia para lograr algo como la sabiduría. Por tiempos, divertida, triste, optimista y extraordinariamente rara, es un trabajo de sincero y fuerte humanismo. En conjunto con la escritura anterior de Jonze, lo pone firmemente en el escalón superior de los cineastas de hoy.

Como la magnifica película “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” del cual ella es un claro descendiente - la película de Jonze usa las herramientas de la ligera ciencia ficción para plantear preguntas de peso emocional y filosófico. ¿Qué hace al amor real: el amante, el amado, o el medio por el cual el amor es transmitido? ¿Se necesitan las tres?

Sí, es imposible para Theodore tener alguna idea de lo que está pasando en la “mente” de Samantha. Pero, como, la película pide varios puntos relacionados, ¿qué hace a su relación diferente a cualquier otra?

Las implicaciones oscuras en su historia son evidentes. Sus ideas acerca de la naturaleza del amor ("una forma de locura socialmente aceptable", como se le hace mencionar) y las relaciones en la era de los medios de comunicación social están obligados a ser objeto de ensayos estudiantiles para los años por venir. La obsesión de Theodore es evidente.

“Ella” también funciona perfectamente como un drama romántico convencional con los típicos altibajos, para los amantes de las reconciliaciones, brotes de celos y momentos de angustia. La única diferencia es que el objeto del afecto del héroe realmente no existe en absoluto.

Efectivamente, al final de la película, la cuestión central que Jonze nos está planteando ya no parece incluso si las máquinas podrían un día ser capaces de amar. Más bien, su película se ha movido más allá de esa pregunta a una mayor: si las máquinas algún día podrían ser más capaces de amar que los seres humanos.


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