miércoles, 3 de diciembre de 2014

No merece la pena matarse, uno siempre lo hace demasiado tarde


UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA
       CENTRO UNIVERSITARIO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
Expresión Oral y Escrita
Rodolfo Moran Quiroz
Por: Andrés Padilla Béjar

No merece la pena matarse, uno siempre lo hace demasiado tarde*

*El título surge de un aforismo escrito por el Filosofo Rumano, Émile Michel Cioran, en su libro: Del inconveniente de haber nacido.

En este ensayo no se pretende hablar del escritor Rumano ni del sentido que éste le dio al aforismo, sí, más bien, de la idea que éste ensayista prematuro ha extraído de tal aforismo.

De manera breve describiré el sentido o la idea que he captado del aforismo. “No merece la pena matarse, uno siempre lo hace demasiado tarde” con esto capto la idea no de que hay un momento ideal para matarse sino que siempre es demasiado tarde.  Cuando en el aforismo leía la palabra siempre, quería creer que era porque las ideas suicidas surgen a una edad o etapa determinada, o, dicho de otra forma; que sí hay un momento ideal para quitarse la vida. Hace tiempo dejé de percibirlo así, ahora lo comprendo en un sentido donde desde el nacimiento se es tarde para morir; lo mejor hubiera sido no haberlo hecho.

El ensayo está dirigido a criticar el problema del suicidio desde las debilidades y fortalezas de los motivos individuales hasta las enormes consecuencias que éste acto deja en los círculos sociales y familiares; la defensa del ensayista por los motivos individuales y la defensa no del no suicidio pero si la defensa de una actitud más responsable y consciente frente a este acto por parte de los posibles actores al suicidio.  Hay, pues, una intención individual pero a la vez  social. Individual como una herramienta de exteriorizar lo que el ensayista carga; social porque el ensayo está dirigido a todos y especialmente a los propensos al suicidio, con la intención de crear consciencia y responsabilidad, no solo por el acto y sus consecuencias sino una onda reflexión sobre el tema.

¿Por qué no merece la pena matarse?
¿Por qué es importante hablar de que no merece la pena  matarse?
¿Por qué siempre estaríamos haciéndolo demasiado tarde?
En el transcurso intentaré aclarar estas preguntas, ilustrándolas con ciertas anécdotas que servirán a la vez de ejemplos y harán una comprensión más clara de los argumentos.

Respondamos entonces el ¿Por qué no merece la pena matarse? Veamos:
En una sociedad como la nuestra, donde lo “antinatural”, anormal o absurdo es el suicido, no merece la pena matarse. Tras no ser aceptado en lo social se alegará entonces que es inmoral. Uno puede alegar que una vez muerto no tiene sentido preocuparnos por esto, “yo ya no viviré para ser sometido al prejuicio” alegará el posible suicida. Entonces, viendo que la condición de que el acto sea inmoral no es motivo suficiente, aleguemos que entonces es “antinatural”, anormal o absurdo. Hago un paréntesis para aclarar el sentido en el cual usamos dicha palabra: por “antinatural” me refiero a que en un mundo donde hay una concepción del motivo o las razones por las cuales un hombre viene a la vida se entiende que lo natural o normal es que éste tras nacer; crezca, adquiera cierto sentido de pertenencia y motivación por vivir, -porque biológicamente ya lo tiene- se reproduzca, –que especialmente se reproduzca- y muera –esto último no solo especialmente sino que forzosamente muera-. Entonces, cuando  hablo de “antinatural” me refiero a la concepción social general que se tiene del sentido de la vida o no necesariamente el sentido sino de las acciones fundamentales en la vida del ser humano; se entiende entonces que sea antinatural el suicidio ya que éste no entra dentro de las características de lo establecido socialmente como natural sino todo lo contrario. ¡Ah!, pero para esto habrá quien diga que no es un argumento o motivo suficiente para no matarse ya que a él no le importa la concepción que el mundo tenga de lo que es natural o antinatural, él se suicidará de todas formas. Como respuesta o motivo posible para decir que “no merece la pena matarse” es necesario mencionar y explicar otros factores.  “No merece la pena matarse” porque sí se ha concebido la idea de suicidarse, también es cierto que consciente o inconscientemente ya involucraste a otras personas de forma sentimental o emocional, para ilustrar mejor este argumento tendré que contar una pequeña anécdota.

Mi amigo –a quien llamaremos G- me hablaba en una ocasión de la irresponsabilidad de los suicidas, de su egoísmo, de su capacidad de no pensar en los otros tras cometer el acto suicida, o que quizá sí piensen en los otros y esto mismo les impida realizar el acto desde un principio sin tanto alardeo o decidía pero que si al final de cuentas lo hace no importó tanto que pensará en los otros. Hablábamos de un hombre al que llamaremos R; R se había suicidado en una zona del periférico sur; el cómo lo hizo no es lo importante, sino, qué había detrás del suicida. El suicida era una persona con más de 30 años, tenía tres hijas y una esposa, un buen trabajo y amigos con los cuales solía reunirse los fines de semana para atenuar la larga y cansada monotonía del trabajo diario; tras la muerte de R qué es lo que queda; yo, en parte entusiasmado, le hablaba a G de la noticia, no porque estuviera feliz de su muerte, sino porque me gustaría conocer las razones por las cuales R se había suicidado. G, un poco molesto conmigo me comenzó a hablar del tremendo egoísmo que se requiere para hacer algo así, comentaba que: El suicida es un irresponsable –me decía- observa lo que queda tras su muerte, hay tres niñas que ya no terminarán de conocer ni un poco a su padre biológico, una esposa que solo le queda el llanto indefinido mientras el dolor pasa a ser costumbre; –y me explica- porque el dolor no se va, sólo se vuelve tolerable en el sentido de que las lágrimas cesan, R – me dice G- tenía amigos, amigos que lo querían, amigos con los cuales había creado cierta empatía. Comento que tiene razón, pero que el suicida puede cargar con ciertas cosas que apenas son tolerables. G me explica que lo entiende y que sin embargo el suicida sigue siendo irresponsable y egoísta pues si ha de cargar con eso que apenas es tolerable debería seguir cargando esa cruz desde el momento en el cual decidió crear una familia y rodearse de personas que sentirían aprecio por él. La plática sigue su curso, yo apelando a las posibles razones individuales que R tenía para suicidarse, G argumentando que hay un grupo social y familiar a los cuales ya ha relacionado y manchado tras su acto.

Con esto intento ilustras el argumento del porque “No merece la pena matarse” y entonces aquí le doy la razón a G, quien explica claramente que el suicida ya inmiscuyo a un grupo determinado de personas que resultarán y resultaron afectadas tras su acto. Debemos pensar que el acto ha marcado de por vida a cada uno de los integrantes de la familia: madre y padre; hermanos y hermanas; tíos y tías; amigos y amigas.

Hablemos de las razones individuales que pueden llevar al suicida a cometer el acto y sí por éstas merece la pena matarse: hablando con G, le comenté: ¿Qué piensas de quien se suicida porque no importa lo que haga no puede dejar de parecer un humano? G me pide que sea más claro. Sí –le digo- hay quienes están cansados de la condición humana, todo esto que identifica al humano, cansados de ser una masa de carne pensante llena de instintos, buscando su realización, buscando que la vida signifique algo, un humano, pues, cansado de todas las características o aquello que lo define como tal. G, dudando me dice: ¿Dónde conociste a alguien así? Le digo que no importa dónde sino que él qué me diría respecto a alguien así. Me cuenta entonces que: Para que una persona llegue a esta conclusión es necesario que haya pasado por un proceso de reflexión, que ha debido analizar muchas situaciones y motivos del suicida, quien sabe si buscando como justificar la suya o simplemente buscando un pretexto interesante para matarse. G me comenta: –al principio se le nota algo dudoso- En este proceso esta persona ya no es un niño, en tal conclusión esta persona o es un adulto o  un joven-adulto. Le comentó que sí, que es un adulto-joven. –G dice- Es a lo que me refería antes, los motivos están todos inservibles cuando ya has creado lazos, cuando ya has formado una familia o no necesariamente una familia pero ya provienes de una o has creado amistades que te quieren, quieres y se preocupan por ti. G sigue diciendo lo mismo, su argumento no cambia, y sin embargo parece seguir teniendo más peso que los motivos individuales del posible suicida. Le pregunto entonces: ¿El suicida para suicidarse no debería tener entonces ni familia ni haber creado lazos de amistad? Me comenta que es una forma de verlo, pero que no es posible vivir de forma asocial en una ciudad o un pueblo, tarde o temprano tienes que salir ahí fuera, porque ni la soledad es tolerable e incluso dependemos en gran medida de los otros, lo que te vistes lo que te comes, lo que usas para trasladarte –dice- es cierto que no tienes contacto en forma de amistad con estas personas, pero están ahí y en parte dependes de que ellas hagan bien su trabajo para que tú puedas hacer o satisfacer ciertas de tus necesidades, porque hasta los suicidas comen y deben trabajar para conseguir dinero y con éste comprar comida. O bien se puede ir a vivir solo a las montañas si quiere, pero en ese caso uno ya no puede hacer o decir nada, ya no es testigo de tal evento. Tras éstas palabras pienso en un grito de una persona sola en el desierto, el grito existe y es real para quien lo hizo, pero no significa nada para los otros porque nadie fue testigo, diríamos que un suicida que se anula o quita la vida en soledad y en completa ausencia de los otros es como si no se hubiera suicidado ya que no habría nadie para confirmar que así fue y tampoco nadie relacionado o afectado, entonces diríamos que un ser en soledad absoluta de personas es como si no existiera, desde el momento en el que se está en soledad se podría decir que es una forma de suicidio indirecto, pero como no hay nadie para percibirlo no importa, nada significa.

Dentro de toda nuestra plática cabe mencionar que G es un no creyente, por ello que en su argumentación jamás mencione el conflicto de creencias. Pero mencionarlo no es insustancial, incluso este motivo tiene gran peso, muchos suicidas se detienen por sus creencias, para esto hablaré de P, quien en una ocasión mientras cenábamos habló con cierto desdén del acto de los suicidas, mencionaba que: “Nadie que tenga cerca a Dios se suicida” y tiene razón desde su punto de vista, observa a todo suicida como un condenado por su propia acción, –y condenado está, pues muere- solo que él ve en éste a un condenado en la eternidad del infierno, percibe a todo suicida como un tonto, para esto lo que dijo fue: –le recuerdo bien- “Nadie lo suficientemente listo se suicida” desde el punto de vista de él es muy cierto, nadie que crea en Dios de la forma en que P lo hace se suicidaría, pues él hombre que pretende anular su vida pretende en cierta medida dejar de ser aquello que en vida no puede, y/o acabar de un tajo con todo aquello que se demora en acabarse; y en esto podemos meter las depresiones, el absurdo de existir, la insatisfacción de no poder dejar de ser un humano, la incapacidad de soportar problemas que se presentan con demasiada importancia; lo que vemos entonces es a un posible suicida queriendo dejar de ser para siempre, no seguir siendo en otro lugar como lo sería el infierno, todo suicida se puede decir es un ateo en cierta medida, no quiere decir con esto que solo el ateo se suicide, pero entonces, si el creyente está totalmente convencido de la existencia de un paraíso e inferno; se percibe que el creyente no se suicidaría sabiendo que irá a otro mundo a seguir odiando existir, en este punto entran en juego otros aspectos; ¿cómo el creyente percibe el infierno? Quizá éste en dichos lugares ya no crea percibir el mundo tal como lo viene haciendo acá en nuestra realidad. Puede suceder incluso que el creyente esté convencido de que es preferible el infierno que está realidad. Para ello es difícil sacar una conclusión concreta ya que todo fundamento del ensayo está pendiendo sobre la interpretación propia de los motivos que llevarían a un posible suicida a realizar o detenerse en el acto. Para dar respuesta a esta pregunta sería bueno crear entrevistas a personas propensas al suicidio, con el fin de comprender cómo perciben el suicidio, entrevistas a profundidad para alcanzar a ver en mejor medida si ser ateo o creyente influye con más o menos grado a realizar el acto. En dado caso no es lo que ahora preocupa a este ensayo. Está dirigido a responder solamente tres preguntas.

Con esto  intento responder a la pregunta de ¿Por qué no merece la pena matarse? Pero aún queda sin respuesta la pregunta hecha en principio ¿Por qué es importante hablar de que no merece la pena matarse? Ahora recurro a datos de la INEGI donde en México:
“[…] registraron 5 549 suicidios, de los cuales 80.6% fueron consumados por hombres y 19.4% correspondió a mujeres, lo que significa que ocurren cuatro suicidios de hombres por cada suicidio de una mujer, brecha que se ha acentuado en el periodo 1990 - 2012. En lo que se refiere a su evolución, es posible advertir que la tasa de suicidios presenta una tendencia creciente, pues de 1990 a 2012 para la población en general la tasa se duplicó al pasar de 2.2 a 4.7 suicidios por cada 100 mil habitantes. Por sexo, en 2012 la tasa de mortalidad por esta causa fue de 7.8 por cada 100 mil hombres y de 1.8 suicidios por cada 100 mil mujeres.” (INEGI, Septiembre 2014, Aguas calientes)
Siguiendo estos datos consideró de vital importancia argumentar en contra del suicidio; no en la forma de privar a cada humano en su libertad de hacer consigo lo que crean más conveniente, pero sí considerando que hay un número desconocido de acciones y condiciones en las cuales las personas se sumergen o quedan atrapadas y llegan a esta idea donde consideran  privarse de la vida, no apelando, tampoco, a que la vida merece ser vivida hasta que está se canse y entonces nos marchemos, sino a que las personas somos seres de acción y por tanto siempre hay una reacción, cada una de estas acciones involucra a los otros, entonces, marcharnos así simplemente por motivos individuales -aunque estos motivos también estén sujetos a los otros- cuando ya has relacionado a todo un grupo (amigos y familiares) no me parece lo más idóneo, quizá seguir cargando la cruz que muchas veces suele ser vivir no sea preferible, pero dentro de lo moral y la percepción natural sin duda es lo mejor.

¿Por qué siempre estaríamos haciéndolo demasiado tarde?
En el aforismo se habla primero de que no merece la pena matarse, y quizá la única verdadera interpretación del autor es sólo que siempre se está demasiado tarde para hacerlo, no hay más, no hay todo lo que yo he explicado, pero como hablamos de la forma en la cual yo he concebido el aforismo, toda idea o argumentación está desarrolla en dicha interpretación.
Cuando se habla de que se es demasiado tarde se piensa en primera instancia que quizá hubo tiempos mejores, que quizá hubo otra época en la cual merecía la pena hacerlo, aunque usando como base o argumento en contra todo lo que ya se ha dicho anteriormente veríamos que no hay ningún momento para hacerlo; que siempre es tarde dentro de las razones ya expuestas; haciendo a un lado toda justificación ya usada; en un principio concebía que se es tarde porque quizá a los 20 era la edad perfecta para hacerlo, pero, ¿dicha idea de dónde surge? La idea surge de un libro llamado: El muro., J. P. Sartre., en el cual viene el cuento: La infancia de un jefe; en este cuento un poco extenso que a mi juicio es más novela corta que cuento, nos encontramos con Luciano, personaje principal de la novela quien en una ocasión mientras casi desnudo se observa al espejo y tras él, Bergére –personaje secundario- le  habla sobre la perfección y la belleza y le dice –mientras éste contempla su cuerpo semidesnudo en el espejo-: “[…]La edad perfecta para matarse es a los veinte[…]” (La infancia de un jefe) haciendo alusión a que es la edad en la cual se es hermoso y perfecto. Recuerdo entonces que tiempo después comencé por leer a E. M. Cioran. Sí, tenía entonces veinte años, y leí el aforismo que hoy uso como tema de ensayo; relacionaba que siempre se es demasiado tarde para matarse porque ya no tenía veinte años como bien le decía Bergére a Luciano, pero expuestos como estamos todos a mudar de opinión, en una ocasión releyendo el libro: “Del inconveniente de haber nacido” donde viene éste aforismo me doy cuenta que ahora ya no lo veo así; ahora concibo que se es tarde porque ya se ha nacido, porque ya se nace en un núcleo familiar, ya te desarrollaste con personas, todo intento de suicidio ahora ya no es justificado y si lo es no tiene el suficiente peso para los otros; desde ese momento se es irresponsable, egoísta y orgulloso. Que dichas características no son malas, pues todos en algún momento tenemos algo de eso, sin embargo no siempre esas características exponen a los otros de tal manera como lo hace el acto de suicidarse, del cual no hay vuelta atrás. Por ello que desde el momento en que se nace es tarde para matarse.

En resumen diré que el acto de suicidarse trae consigo un sinfín de consecuencias negativas, también es cierto que las acciones que ha llevado a esto forman parte de una multitud de acciones, consecuencias y factores negativos y/o mal enfrentados, donde existe la posibilidad de hacer algo más al respecto; este ensayo, en parte, -además de la motivación personal de exteriorizar los conflictos personales- es un intento de ofrecer una forma de ayuda, donde apelo a que es preferible: “Vivir con la idea del suicido” que llevar la idea a la acción; porque no merece la pena y porque siempre es tarde. 
Para terminar: si existe la posibilidad de conocer a una persona con tendencia al suicidio, y ya le hemos explicado nuestra argumentación, todo esto que aquí se habló y todas las razones o argumentos que ustedes tengan, quizá, como respuesta posible, y de nuevo citando a E. M. Cioran quien en una ocasión cuenta en su libro: “Ese  maldito yo” se encuentra con un amigo que le habla sobre la idea que éste tiene de suicidarse, Cioran en el aforismo escribe:
“Desembarazarse de la vida es privarse de la satisfacción de reírse de ella.
Única respuesta posible a quienes nos anuncian su intención de suprimirse.”











Bibliografía

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Cioran. E.M. (1998). Del inconveniente de haber nacido. Recuperado de: http://crimideia.com.br/blog/wp-content/uploads/2010/02/em-cioran-del-incoveniente-de-haber-nacido.pdf (p-37)
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Cioran. E.M. (2013). Magia de la decepción. Ese maldito yo. (p-73). México: Tusques Editores.
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G. Iván. Conversaciones con “G”. Respecto a la Irresponsabilidad del suicida.
H. Padilla. Conversaciones con “P”. Respecto al sentido religioso de suicidarse.
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INGI. (2014) Estadistica a propósito del día mundial para la prevención del suicidio. Recuperado de: http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/contenidos/estadisticas/2014/suicidio0.pdf (p-3)_________________________________________________________________________________
J.P. Sartre. (). La infancia de un jefe. El muro. (). México: Tomo





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